viernes, 12 de marzo de 2010

Esperando a Beria

Conocí su nombre cuando le dieron el premio Luis del Val. Y descubrí este libro por el Boletín Semanal del Centro del Libro de Aragón. Y me resultó asombroso e indignante que un escritor premiado tuviera que recurrir a la autoedición para ver publicados sus relatos.
Me puse a buscarlo empujado por ese premio y esa reivindicación en solitario. Y lo busqué todavía con más interés cuando mi librería habitual fue incapaz de conseguirme un ejemplar. Un libro autoeditado y sin distribuidor. Un libro a contracorriente. El libro de un escritor premiado que parecía condenado a quedarse en nada. La noticia de un día en la prensa local. Papel de vida efímera.
Conseguirlo se convirtió en el reto de un falso bibliófilo a la búsqueda y captura de una edición rara, limitada y desconocida. Arqueólogo de moderno papel. Descubridor de continentes minúsculos.
Y al encontrarlo en una librería especializada sentí la satisfacción del cazador. La emoción de encontrar un objeto único perdido en el fondo del mar. Y al tenerlo entre mis manos y leer los chistes sin gracia de la contraportada sentí la primera decepción. Dudé. Pero Luis del Val lo había premiado y en la portada decía: “Una colección de relatos con premio de Alfredo Mozas García. Así que decidí seguir adelante. Y al comenzar me llevé la segunda decepción con la “Nota del censor” de la primera página que insistía en el mismo estilo sin gracia.
Y pensé en Beria, en que Alfredo había ganado recientemente el Santa Isabel de Narrativa. Pensé que aquello era una boutade del autor, algo para reírse de sí mismo.
Pero al terminar de leerlo estuve tentado de hacer BookCrossing por primera vez en mi vida. Dejarlo abandonado en cualquier banco de un parque de esta ciudad y olvidarme de él. Y recordé también a aquel escritor y su piscina. Y pensé en lanzarlo, como si fuera un frisbee, desde la ventana y verlo volar en picado hasta estrellarse en la superficie y hundirse. El agua borrando la tinta y su rastro.
Pero en lugar de eso preferí pensar en “Beria y alrededores”. Pensar en el futuro. Y en el pasado. En que todos tenemos un muerto en el armario. Que los escritores evolucionan, se desarrollan, progresan. Que esta colección de relatos podría ser el antecedente, el prólogo, el presagio de lo que está por venir. Que había momentos que merecían la pena. Destellos, fogonazos de luz.
Y me olvidé del relato final que ni siquiera yo, que soy un bocazas, hubiera puesto en un libro. Me olvidé de lo insustancial y me quedé con esa belleza presentida y encontrada. Con la tormenta y la sequía.
Me olvidé de esos relatos sin gracia y ese cuento hecho a medida para un concurso y me quedé con el murmullo que se escucha entre el ruido. Como escuchar un poema entre los decibelios de una discoteca. Con ese amor sordo y la vida escrita y dibujada en un papel. El humor contenido y la ironía de un buzón lleno de lluvia. Y ese transfondo hermoso que se queda entre las líneas de un apunte de escritura y al que me agarré para no hundirme. Me olvidé de lo demás y me quedé con “La confesión” y “Todo lo que cabe en un susurro”. Dos flores entre la paja, el humo, las caricaturas, el chiste y la nada. Quizás el precedente, los alrededores de lo que está por venir.
Me olvidé del pasado y me quedé esperando a Beria.

Alfredo Mozas García “Odio tener que contarlo”. Yo me lo guiso Editorial. Burgos, 2009.

viernes, 5 de marzo de 2010

En defensa propia

No se trata de encontrarle los defectos a la trama. De verla influenciado por esas series de televisión en las que los policías analizan los detalles microscópicos del crimen, encuentran piezas que no encajan y siempre aparece un pelo con el ADN del culpable. No se trata de pensar en coartadas insostenibles ni en dobles vidas imposibles de mantener ocultas. No se trata de valorar su mensaje desde principios legales o morales ni en comenzar un debate sobre la eutanasia. No se trata de que la protagonista sea una mezcla inaudita entre Lara Croft y un ama de casa y que a ratos parezca un hombre metido en el cuerpo de una mujer. Ni de pensar en que el trío investigador resulta surrealista y absurdo y la abuela parece la hermana gemela de Agustín en un moderno y divertido remake de “La ciudad no es para mí”. No se trata de una literatura con pretensiones estéticas, metáforas y mariposas. No. No se trata de eso. Nada de eso es importante. Sino que se trata de dejarse llevar. Vivir la aventura, reírse y disfrutar. Gozar del buen humor y quedarse con el mundo desgraciadamente real que retrata con precisión toda esta ficción. De esa maldita cosa llamada fama.
De pensar en esos actores que en su tiempo eran famosos galanes y lo tenían todo y que con la llegada de una nueva época pasaron a ser nada. En esa caída libre en el abismo. En descubrir a un hombre acabado, consumido, devastado, destruido. Y en la posibilidad de que exista un moderno Tánatos que elimine a los que no desean vivir. A los expulsados de ese paraíso que apesta, a los tachados de la lista de la fama.
Pero no se trata sólo de eso. En esta novela de Ricardo Bosque hay sobre todo una crítica a todo ese mercadillo infecto que podemos ver cada día en la televisión. Esos programas donde algunos venden sus miserias propias y ajenas por unas monedas. Y de todos los que viven de ese sucio cuento. Y del público que disfruta consumiendo esa mercancía podrida al ritmo de un politono. Un submundo en el que un fotógrafo idealista que quería ser como Weegee, el fotógrafo de Nueva York y “El ojo público”, descubre que las fotografías de papel cuché se hacen por encargo, orden y supervisión de la superioridad. Y los mensajes no se dejan en el contestador sino que se graban a golpes en un lugar sin testigos. Made in spain al estilo siciliano.
Un mundo repleto de frivolidad en el que juraría que José Luis Gracia Mosteo hace un divertido cameo que nos llevará hasta la reina de todos esos peones, de toda esa mentira y ese espectáculo denigrante. La persona que escribe y dirige los guiones retorcidos del mundo del corazón. La madame de ese putiferio rosa. Una cínica que dice ofrecer un servicio público a la plebe porque siempre ha necesitado individuos de los que reírse y olvidar así sus propias desgracias. Un nuevo circo romano donde los leones tienen apariencia humana y los cristianos son voluntarios deseosos de obtener fama y dinero vendiendo su dignidad.
Eso es lo verdaderamente importante. Dejar en evidencia toda esa farándula vomitiva. Lo triste y despreciable que resulta. Y agradecer el buen humor de Ricardo. Su estilo ácido y directo contándonoslo. Y descubrir que un ramo de flores lo puede cambiar todo, puede confirmar, en exclusiva y en directo, todas las miserias nacidas de la ambición y el oportunismo; puede convertirnos en cómplices alegres de un acto de justicia, de una mujer que los tiene bien puestos y actúa en defensa propia; dejarnos una sonrisa maliciosa y el sabor agridulce de un sórdido circo que ojala no existiera, pero que, desgraciadamente, el próximo sábado volverá a levantar el telón.

Ricardo Bosque. “Suicidio a crédito”. Mira Editores. Zaragoza, 2009.

miércoles, 3 de marzo de 2010

martes, 2 de marzo de 2010

"Turia" publica poemas inéditos de la Premio Nobel Herta Müller


La escritora rumano-alemana y Premio Nobel de Literatura Herta Müller será una de las principales protagonistas del nuevo número de la revista cultural TURIA. Una entrega que va a ser distribuida este mes de marzo y que cuenta, entre sus contenidos más destacados, con la publicación por primera vez en castellano de una selección de su poesía. Se trata de seis textos procedentes de uno de sus libros más recientes, “Los pálidos señores con las tazas de moca”, editado originalmente en Alemania en 2005.

La traducción de los poemas de Herta Müller se complementa con un interesante estudio en el que se analizan con detalle las claves su trabajo creativo. Ambas tareas corren a cargo de José Luis Reina Palazón, buen conocedor de su obra y Premio Nacional de Traducción.

La poesía de Herta Müller es un ejercicio creativo que nos muestra, en palabras de su traductor, “la extrema imaginación y la sorprendente agudeza” de una escritora inquietante, capaz de brindarnos “el rastro intenso y atractivo de una pluma iluminada”. De ahí que los poemas que TURIA dará a conocer resulten muy ilustrativos de una autora que “favorece lo espontáneo, lo anómalo, lo sorprendente, lo que corresponde a una vida de la que, según ella, no puede tenerse una visión en perspectiva, explicativa o de conjunto”.

Para Herta Müller la poesía está en el mundo, no en el lenguaje. La poesía del lenguaje es un sinsentido, existe sólo la poesía del mundo. O mejor, de la mirada. Si no existe en la mirada no existe en el lenguaje.

Todos los poemas de Herta Müller están sostenidos por un lenguaje en el que las palabras cotidianas que eran tabú bajo el régimen dictatorial aportan su carga metafórica. Son poemas que parecen historietas cotidianas en las que se expresa toda la angustia y la sinrazón de una sociedad represiva. Podría decirse, incluso, que son textos bien cercanos al dadaísmo. Por ejemplo, uno de sus poemas dice: “Cuando vivía el rey parecía un / perro y un ternero y cuando / murió quedó pegada su corona medio hiel / medio melón bajo el pelo / todas las lluvias de verano / dejan su ángel de contrabando entre las / cañas del maíz cada uno un guardaespaldas que una vez / estuvo junto al rey”.

Según José Luis Reina Palazón, sus poemas son como collages, sobrepasan los límites de la escritura y conforman un “arte original, vivo, seductor, que juega con paciencia con nosotros, como una niña asustada que no se atreve a sonreír. Sin duda esa sonrisa trágica ha merecido el Premio Nobel”.

TURIA es, con 27 años de trayectoria y periodicidad cuatrimestral, una de las revistas culturales españolas más veteranas y reconocidas, por cuya labor obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.