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martes, 15 de marzo de 2011

Juan Luis Saldaña y "Cambio de planes"

Con la venia de su Señoría: se considera probado que el autor de este libro responde al nombre de Luis Borrás. Está demostrado que los relatos escritos en esta obra son de su plena autoría. También, ha quedado patente que al redactarlos estaba en situación de dominar su conciencia y sus capacidades mentales y físicas. Ha quedado probado que la Editorial Certeza se prestó a editarlos bajo su sello en la llamada colección Cantela. Es más que evidente la presencia de agravantes como la nocturnidad, la falta de guiños a la literatura contemporánea o moderna en el peor de sus sentidos y su falta de ambición en el sentido que usted y yo sabemos, Señoría.
Habrá quedado claro que el libro tiene una nota predominante: la intensidad narrativa. Hay relatos que seducen desde el principio y se convierten en espirales que consiguen atrapar al lector. "Mariona" es el relato del libro sin ningún lugar a dudas, el relato en el que se ve al narrador más creíble y sutil. La figura del padre es para Borrás un totem literario. El padre silente, que habla cuando calla, contra el que uno se ha rebelado y, después, el molde al que uno se va pareciendo casi sin quererlo a medida que el tiempo avanza. Este relato, en el que se deja entrever una historia de amor fallido del padre del narrador, muestra una ternura desbordante, digna del primer Delibes o del Cela más caminante.
"Pecados capitales" es la pieza que apunta a la faceta más irracional y atrevida del autor, siempre comedido en fondo y forma. En este relato se observa la fuerza de lo no racional pidiendo su cuota de participación y recordando que sin sinrazón no hay literatura. La figura del protagonista decadente es atractiva y muy vistosa. "Tan solo su nombre" y "Año nuevo, vida nueva" son otro par de relatos reseñables, sobre todo porque muestran un tema literariamente atractivo: la torpeza e incapacidad del ser humano para relacionarse y la consecuente inseguridad a la hora de darse o de amar.
Hay demasiados relatos en los que aparece la muerte. Muerte por aquí, muerte por allá. Todos tenemos que morir y es bueno tenerla presente, pero, en la literatura, la muerte violenta puede acabar siendo un recurso fácil para tener algo vistoso que contar. Quizá pase esto en Cambio de Planes o quizá su autor tenga pensado matarnos de un modo exquisito un día de estos. La elipsis también se echa de menos en algunos pasajes como recurso literario y como consideración hacia el lector inteligente y quizá, también, algo de experimentación, algún “aquí estoy yo” del autor.
Pido, por lo tanto, para el acusado la siguiente pena: seguir escribiendo y cantar una jota el próximo viernes 3 de diciembre del año 2010 en la presentación de este libro en la Librería Anónima de Huesca a las ocho de la tarde. Una lectura recomendable.
Juan Luis Saldaña
http://juanluissaldana.zaragozame.com/
La fotografía es de Emilio Molins
http://www.flickr.com/photos/7725708@N02/
que la realizó el día de la presentación en la librería “El pequeño teatro de los libros” de Zaragoza
http://www.teatrodeloslibros.net/

jueves, 3 de febrero de 2011

Presentación de "Cambio de planes" en Zaragoza


Mañana viernes, 4 de febrero, a las 20 horas, en la librería "El pequeño teatro de los libros", en la calle Silvestre Pérez, nº 21, de Zaragoza; el escritor y periodista Juan Luis Saldaña presentará "Cambio de planes", mi primera colección de relatos editada por Libros Certeza.

"El pequeño teatro de los libros"
http://www.teatrodeloslibros.net/

Juan Luis Saldaña
http://juanluissaldana.zaragozame.com/

martes, 25 de enero de 2011

Rubén Sancho y "Cambio de planes"

Hace un tiempo escribí que el relato corto era el onanismo del escritor, por la satisfacción inmediata de la creación plasmada, y mantengo la afirmación tras leer con entusiasmo la excelente colección de relatos “Cambio de planes”, del escritor Luis Borrás, la cuál te deja insatisfecho como la buena amante, no por su falta de intención, sino por la brevedad del placer.
Borrás juega con el azar y los infortunios que éste puede ocasionar, aprovechando cualquier arista de la realidad para darle una vuelta de tuerca y ofrecer al lector una visión diferente, acompañándole en una reflexión sobre la misma volatilidad de la vida, que ahora es, pero dentro de un minuto puede ser.
Sus relatos comparten elementos de vitalidad reiterada y sus personajes no vacilan a la hora de cambiar su vida, a la hora de cambiar sus planes, unas veces con la voluntad como bandera y otras con las circunstancias abrumando a su capacidad de acción.
No se excede, Luis Borrás, en el acompañamiento de la historia, deja volar la imaginación del lector y permite finales abiertos con múltiples interpretaciones, más de las causas que de los efectos, lo que ayuda a la compenetración existencial entre el que escribe y el que lee.
Una compenetración que llega a su punto más sublime con “Mariona”, la mejor historia de “Cambio de planes”, compilación del devenir de la vida a través de una inoportuna fotografía tomada a destiempo.
Como digo en el primer párrafo, tras leer los doce relatos que componen “Cambio de planes” uno se queda a la expectativa ante los nuevos trabajos de Luis Borrás, historias que tengo la certeza de que ya perviven en su mente y sólo necesitan el caudal técnico del negro sobre blanco.

Rubén Sancho es Redactor Jefe del Diario online “El Librepensador”
www.ellibrepensador.com

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Francisco Aljama y "Cambio de planes"

Relatos sin causa

…o mejor, relatos sin causas, en plural.
Porque lo primero que Luis Borrás consigue del lector es que se pregunte por qué: por qué pasa lo que pasa. En alguno de los doce relatos que conforman este libro faltan incluso las consecuencias, es decir, los finales, para ir directamente al meollo de la cuestión, al grano. La tarea de completar los ‘antes’ y los ‘después’ la deja el autor en las manos, o mejor, en la mente del lector, que de ningún modo puede quedar indiferente.
Con una pluma incisiva, cortante, tajante, sin ambages, Borrás plantea situaciones crudas, directas, sucintas y claras; tal como él dijo en la presentación del pasado viernes, día 3: «esto es lo que hay». Y lo que hay es capaz de doblegar los más altivos cervigones, de sacudir todos los centros nerviosos constituyentes de los encéfalos más inalterables, porque nos recuerda lo frágil que es la cuerda de la vida que nos toca, por muy resistente que aquella pueda parecernos.
Sus relatos iluminan «los rincones oscuros del corazón» del lector, igual que el recuerdo vivo de la sonrisa de una mujer amada que ya no está —en el relato undécimo—. Los personajes pasan del todo a la nada, como un actor venido a menos («Pecados capitales»), en medio de una tensión medida milimétricamente que a veces provoca un estado de apnea, cuyos efectos se refuerzan por el uso de una puntuación trabada, con proliferación de comas y demás signos de puntuación, que obligan a seguir el hilo con la respiración entrecortada. Frases cortas, yuxtapuestas, son el recurso sintáctico más abundante: el pulso se acelera de repente, pero por qué; ¿por qué si todo parece tan placentero?… Cuando el lector se relaja llega el hachazo, la estocada hasta la bola, o queda la fotografía del momento de entrar a matar sin que llegue a consumarse la suerte.
¿Y los temas? Vida, amor y muerte son los tres que no pueden faltar, porque ¿acaso la gran literatura habla de algo distinto?
Si uno fuera creyente, que no es el caso, le sobrevendrían unas ganas imperiosas de rezar para que el caprichoso destino, en el que otros sí creen, no nos gaste alguna jugarreta similar a las que les toca sufrir a los personajes de Cambio de planes.
En esta tarde gris de domingo finiotoñal, que evoca la luz que física o anímicamente enmarca alguna de las piezas —los planes— que atesora el libro, pienso en la suerte que tengo por encontrarme tan bien, en casa y calentito con la calefacción encendida.
Sigue, Luis, porque me recuerdas, entre otros, a Sábato y su túnel, a Castán y su museo, y porque has conseguido que me olvidara de las acechanzas del tedio dominguero. Mientras tanto, te seguiré en tu blog, que no es poco.

…à suivre.

Francisco Aljama

viernes, 3 de diciembre de 2010

Una lectura de "Cambio de planes", por María José Auría Labayen

Cambio de planes es una serie de doce relatos. Unos están teñidos por la melancolía y dejan al lector con el alma encogida. En otros se destila una ironía y una comicidad ante la que esbozamos como poco una sonrisa. Ante nuestros ojos pasa toda una galería de sentimientos familiares generados por los encuentros y los desencuentros, los engaños y los desengaños, los silencios y la palabrería, los abandonos y los reencuentros, siendo estos últimos, irremediablemente, fuentes de frustración y de dolor. Sin embargo, al lector no le está permitida una lectura complaciente, en la seguridad de pisar terreno conocido, porque los impulsos más oscuros y de consecuencias nefastas también están presentes. A veces expuestos sin tapujos y a veces intuidos, aparecen entremezclados el odio, el desprecio o la crueldad llevada al extremo, todos ellos igualmente humanos y reconocibles pero raramente reconocidos.

Las historias se suceden y se leen con gran facilidad, algo que agradecen muchos lectores como yo. Ahora bien, al llegar al final, sentí la necesidad de volver a empezar otra vez, y otra, y otra, de embarcarme en una búsqueda, adivinando más planos y más significados. Y es que cuando uno lee obras como Cambio de planes, necesita y quiere tiempo para ver, igual que los ojos que han estado en la oscuridad necesitan tiempo para adaptarse a la luz y los que han estado a la luz necesitan tiempo para descubrir las formas ocultas en la penumbra.

La luz en Cambio de planes es mucho más que una metáfora de la lectura. Es un elemento recurrente, esencial y lleno de simbolismo. El otro elemento articulador que no deja de asomarse es la palabra. En seis de los relatos el elemento principal es la luz y la ausencia de luz y en los otros seis es la palabra y su ausencia.

La luz aparece de formas diversas: radiada (la luz del sol) y absorbida (la imagen de una fotografía o de un plano televisivo, que capta la luz que emana del objeto/sujeto de la imagen); natural y eléctrica. Pero también es la luz brillante de la risa y de la sonrisa y la luz pálida de la nostalgia. La luz del espejismo o de la imagen que permanece suspendida, colgada de nuestra retina después de un fogonazo, después de la luz que hiere. Es la luz de la venganza de la protagonista ausente sobre el marido presente de “Sopa de letras” (“sí, señor, lo había hecho por joder”) y la de la venganza de la mujer abandonada en “Lo que cuenta la mano cortada” cuando reduce la imagen del marido que no volverá a una silueta, a un vacío oscuro en la fotografía y luego enciende las llamas que consumirán los recortes. A veces, los dos tipos de luz coinciden en el mismo relato, como en “Año Nuevo”, donde el cambio de la reconfortante luz de las velas por la luz del televisor es el preludio de un final inesperado.

Otro elemento articulador de los relatos es la palabra. La palabra ausente del padre que no quiere seguir hablando del pasado. La palabra esencial y desconocida: el nombre. Lo que no se puede nombrar, no existe. Lo que no se puede nombrar no se puede conocer ni poseer, de allí la angustia del que no puede hablar a la persona amada, o ni siquiera decir su nombre porque lo desconoce, o la de la víctima que grita en vano el nombre de su verdugo. El silencio que se cierne entre la madre abandonada y el hijo, en su soledad, frente a la verborrea incontenida del marido, solo, ante el enigma de una sopa de letras. La palabra comida y la palabra escrita en el informe médico.

Cambio de planes es una obra que dice más de lo que hay escrito, que sigue sugiriendo más allá del tiempo que dura su lectura, que se lee con una facilidad engañosa porque disfraza el buen hacer literario bajo un manto de aparente sencillez. Y que consigue sorprender al lector convencido de que, después de tantas palabras leídas a lo largo de su vida, poco hay que le pueda resultar nuevo.

María José Auría Labayen

lunes, 4 de octubre de 2010

Cambio de planes


Libros Certeza, dentro de su Colección Cantela, acaba de publicar mi primera colección de relatos: "Cambio de planes"

Os copio un relato breve que está entre los doce que componen el libro.

ODIÁNDOME
"Perseguido por el recuerdo de ayer sería capaz de disparar a mi sombra, asesinar al cobarde que vive dentro de mí. Le odio con todas mis fuerzas.
Pienso en la noche de ayer y me cubro el rostro con las manos vacías, aguantándome las lágrimas, sintiendo asco y vergüenza de mí mismo. Conozco muy bien esta sensación, este dolor. La rabia ocupándolo todo.
No dejo de repetirme que no tenía que haber ido. Me insulto, me llamo idiota, estúpido, infeliz. Gilipollas. Pero la tentación de volver a verte fue más fuerte que todo. Más fuerte que la sensatez y la cordura, más fuerte que asumir la verdad, conocerme, saber que no sería capaz, que no me atrevería, que todo volvería a repetirse, sería igual que cuando tenía dieciocho años. Preferí engañarme, mentirme mil veces con tal de volver a verte.
Los puños cerrados sobre los párpados, apretando hasta hacerme daño. Tu nombre quemándome. Tu nombre ardiendo en la oscuridad de mis ojos cerrados.
Un antiguo compañero consigue mi número por la guía de teléfonos. Una fiesta, me dice; el reencuentro diez años después del último curso del instituto.
Y lo primero que pensé fue en tu nombre. Lo único que no había olvidado de aquel tiempo lejano. Tu herida viviendo dentro de mí.
Tuve quince días para inventarme una excusa, huir, esconderme, mentir. Hubiera bastado con un simple no.
Pero fui incapaz de renunciar a volver a verte.
Y ayer, mientras me miraba en el espejo antes de salir, quise creer que había cambiado, que esa noche me atrevería por fin, y que entre sonrisas y vapores de alcohol, te diría al oído todo lo que en diez años no había dejado de sentir ni un solo día por ti.
Y al llegar a la fiesta, entre reencuentros, abrazos y besos, te busqué deseando que no estuvieras; te busqué pidiendo que nadie te hubiera encontrado, que hubieras desaparecido para empezar a olvidarte.
Entre gritos, risotadas, falsa alegría y palabras cordiales te busqué desesperadamente. Te busqué deseando que tu belleza la hubiera destruido el tiempo, que tu sonrisa se hubiera vuelto de cartón piedra.
Y al verte mi corazón se paró. Al volver a verte mis pies se volvieron barro y mi valor silencio. Y en aquel momento supe que todo sería igual que aquel doce de julio de 1998. Igual que el último día que te vi. Aquella fiesta de fin de curso diez años atrás. Las mismas canciones sonando de fondo. La misma rabia, el mismo asco y vergüenza de mí mismo. La verdad imposible.
Te acercaste al grupo donde estaba y me saludaste con el roce imperceptible de tus labios y tu perfume. Con tu belleza intacta y tu sonrisa envenenando mis ojos. Escondí mis manos en los bolsillos para que no las vieras temblar. Escondí la mirada para que no descubrieras mi emoción quemándome las entrañas y el miedo cosiendo a dentelladas mi boca. Y mientras hablabas con los demás, en lugar de morir enredado en tu cuello y tus labios, me quedé mirando al suelo incapaz de alcanzar tu rostro.
Y volví a quedarme igual que diez años atrás; sin atreverme a mirarte ni hablarte al oído; con la mirada fija en tus zapatos de fiesta; odiándome con todas mis fuerzas".

Por si a alguien le interesa me han dicho que lo han visto en:

Librería París. Paseo Fernando el Católico, 24 Dpdo
libreria@libreriaparis.com
Tel 976 55 44 22 Zaragoza. España.