martes, 30 de marzo de 2010

lunes, 29 de marzo de 2010

Revista Narrativas, número 17


Ya está en línea el número 17 de NARRATIVAS. Revista de Narrativa contemporánea en castellano. La revista puede descargarse en la siguiente dirección: http://www.revistanarrativas.com

Este número consta de los siguientes contenidos:

- Ensayo

Cosmomemorias de otro mundo: “Llanto. Novelas imposibles”, por Demetrio Anzaldo González

La visión de la ciudad moderna en “Los pasos perdidos” de Alejo Carpentier, por Jorge Eliécer Pacheco Gualdrón

Sancho y su renuncia, en el camino a la novela moderna, por Nerea Marco Reus

Yocandra a través del espejo, en la novela “La nada cotidiana” de Zoé Valdés, por Orlando Betancor

Los relatos góticos de Sir Walter Scott: “La habitación tapizada”, por Enrique García Díaz

- Relato

El albañil cósmico, por Carlos Salem

Mi nombre en el google, por Claudia Apablaza

Sexo, cárceles y un soplo en el corazón, por José Antonio Lozano

Tres microcuentos, por Jesús Esnaola

Muñón de cerdo, por Gonzalo Martín de Marcos

obispos, por axel l. krustofski

Hay amores que matan, por Juan Carlos Vecchi

La procesión, por Mari Carmen Moreno

Carlos (el plural), por Sergio Sastre

En el pantano, por José Carlos Nazario

Mujeres como usted, por Lucía Lorenzo

Vaso de bourbon, por Ana Patricia Moya

Lo terminé porque siempre acabo el libro que empiezo, por Daniel Pérez Navarro

Un viaje poco común, por Carlos Montuenga

Como hacen los hombres, por Noel Pérez

Tokio en abril, por Rodrigo J. Gardella

6025, por Jorge Eliécer Pacheco Gualdrón

M. O. Hoppern, por Ramón Araiza Quiroz

Worm, por Luis Emel Topogenario

Juntos para siempre, por Blanca del Cerro

Correspondencia nicaragüense (V), por Berenice Noir

Tomates podridos, por Andrés Portillo

Sal en sus libros, por María Virginia Ocando

Después, por Gabriela Urrutibehety

La carpa, por Luis Mariano Montemayor

Cirugía Plástica, por Javier Silvela Maestre

Bar, por Giovanni Rodríguez

El secreto del árbol, por Raúl Barrozo

Una historia del Japón, por Carlos Manzano

Ella trabaja en una guardería, por Santiago Eximeno

- Narradores

Norberto Luis Romero

- Reseñas

“La noche de los tiempos” de Antonio Muñoz Molina, por Ághata

“El momento del unicornio” de Norberto Luis Romero, por Luis Borrás

“El viaje del elefante” de José Saramago, por Ághata

“Literatura thantica: búsqueda de una memoria común” de Pablo García Dussán, por Lillyam González

“Espejos” de Eduardo Galeano, por Daniel Orizaga Doguim

“El cuento de nunca acabar” de Carmen Martín Gaite, por María Aixa Sanz

- Miradas

Una mirada al anticlericalismo de Blasco Ibáñez, por Johari Gautier Carmona

Carmen Martín Gaite: el espíritu de superación, por María Aixa Sanz

El sino melancólico del tango, por Gabriel Cocimano

- Novedades editoriales

Revista Narrativas

http://www.revistanarrativas.com

viernes, 26 de marzo de 2010

Texto de Ángeles Prieto

CHESS

Han pasado ya tres meses y todavía me pregunto cómo se le ocurrió enfrentarse con esta comentarista puntera en los torneos de élite. ¿Confundir mi amistad sincera con el Divino Juego?, ¿pretender destruir yo su fortaleza regia? Pues tras tomar la iniciativa con ese gambito manido para que, ennegrecida por la desconfianza, me enrocara en mis posiciones muy asustada, me lancé segura a ofrecerle mis mejores piezas en cada turno que me tocaba. ¡Anda ya!, ¡si la partida estaba más que cantada! ¿Acaso pretendía vencerme ese botarate impulsivo? En seis jugadas le di mate. Y aún tuve que aguantarle, muy relamido: “nunca comentes mis movimientos en tus tratados”, creyéndose Bobby Fisher o un trasunto de Capablanca... Qué decepción. Fue inevitable que más tarde lanzara el tablero al aire y que, ignorando ya del todo mi condición femenina, ni siquiera me molestara por el desastre. Que lo recoja su madre.

Texto de Ángeles Prieto Barba

Fotografía de Karin Lungwitz
http://www.abunda.com.ar/

martes, 23 de marzo de 2010

El caparazón de los animales

Se volvió loco. Aquel día perdió la razón y se quedó así para siempre. Extraviado. Taciturno. Tocado y hundido. Eso dicen en el barrio. Pero yo no lo creo. Yo no creo que esté loco. En realidad, yo creo que él es el único cuerdo entre todos nosotros. El único que no miente, finge ni se engaña. El único que no se esconde dentro del caparazón los días de tormenta, helada o granizo. El único de todos nosotros que vive a la intemperie.
Dicen que aquel día se volvió loco. Pero yo no lo creo. Simplemente nos mira y calla. Soporta en silencio las miradas de reojo, los comentarios a su espalda, las sonrisas amables de lástima y compasión. Pero él nunca se encaró con los misericordiosos. A ninguno nos ha reprochado nunca nuestra vulgar estrategia y cordura. La piel encallecida y resbaladiza de nuestros caparazones. Nunca ha soltado discursos vergonzantes que dejaran en evidencia nuestra habitual maniobra de supervivencia y defensa, nuestro corazón retráctil, nuestra desmemoria con un simple parpadeo, la amnesia manejada por control remoto.
Él, desde aquel día, se quedó callado. Sentado en un rincón de la terraza en cuanto llega la primavera. En la mesa junto a la ventana durante el otoño y el invierno. Fumando y mirando a la gente. Viendo como todos le esquivan, evitan mirarle de frente, reconocer en él la conciencia dormida y el recuerdo incómodo.
Se quedó callado y con la mirada volcánica, desafiante y abierta para el que quisiera asomarse al fondo. Y todos sabíamos que se había quedado así desde aquel día, cuando, trabajando en el vertedero municipal, se quedó clavado en los dientes de la pala mecánica que manejaba el cuerpo de un bebé recién nacido. Un pequeño cuerpo desnudo, sucio y puro, que alguien había arrojado entre las bolsas de la basura.
Le dijeron que cuando él lo atravesó ya estaba muerto; que él no lo había matado. Pero yo recuerdo su mirada desolada entre los graznidos de las gaviotas y el olor del alimento descompuesto. La vomitona y las estériles lágrimas. Esa mirada despierta y lúcida que gasta desde entonces, desde aquel día en el que renunció a meterse dentro del caparazón y olvidar lo que había visto cambiando maquinalmente de canal. Desde aquel día en el que dicen se volvió loco. Él, el único cuerdo entre todos nosotros.

Texto de Jorge del Frago.

La magnífica fotografía es de Thibaut Lafaye.