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lunes, 2 de mayo de 2011

Presentación de "Relatos desde ninguna parte" de Pablo Lorente

El miércoles, 4 de mayo, a las 20 hrs, en la librería "El pequeño teatro de los libros", calle Silvestre Pérez, nº 21, en el barrio de Las Fuentes de Zaragoza, Pablo Lorente Muñoz presenta su libro "Relatos desde ninguna parte" publicado por la Editorial Eclipsados.


Pablo Lorente


Editorial Eclipsados


Librería "El pequeño teatro de los libros"


jueves, 28 de abril de 2011

En un lejano país

Creo –y esto es sólo una suposición- que un libro de relatos debe dejarte con ganas de más. Debe dejarte con hambre y no con una sensación de empacho; de digestión pesada, agotador banquete. Supongo –y esto es otra intuición- que Pablo Lorente ha querido reunir en un solo libro todos los relatos que ha escrito desde el año 2004. Y seis años dan para mudar varias veces de piel. Creo –y de eso estoy seguro- que no es labor del lector trillar, espedregar un libro. Y que es injusto pedirle al escritor que realice esa dolorosa tarea de auto-amputación; dividir a sus hijos en guapos y feos. Que debe ser el editor el que coja la tijera y pode, corte las ramas y le de el tamaño y la forma exacta. Y creo –con timidez- que este libro hubiera resultado perfecto seleccionando los relatos. Porque sus doscientas treinta páginas dan para dos libros. Uno redondo, pleno; y otro de cara B.
Porque hay en esta compilación de largo recorrido una serie de relatos unidos por la coherencia temática y la intensidad. Y el primer pleno en el centro de la diana se presenta en “Alamín”, relato que nos enseña el germen de la literatura cruzada de Pablo. Su acierto que se repetirá más tarde y muchas más veces. La de personajes y paisajes, la de escenario y narración; la conjunción entre decorado, acción, tramoya y sentimientos. Espejo que, de forma mágica, no esconde las arrugas ni las canas. Reflejo de esa tierra de nadie y de los seres humanos que la habitan, lugares de paso y nacionalidad; vida y huellas, huida, muerte, recuerdos, verdades y mentiras. Lugares en los mapas que no conocemos y que sin embargo existen y están habitados. Que forman parte, aunque no lo creamos, de nuestra civilización de felicidad.
La narrativa de Pablo, la más acertada y admirable, la que gana cuando nos hiere, está en esos Relatos desde ninguna parte basados en hechos reales que se nutren de la historia moderna y de sus actores protagonistas, sus extras anónimos, vivos y reales. Documental, remake literario que transcribe la vergüenza colectiva reciente, las heridas sin cerrar y las nuevas que se abren cada día bajo este cielo que ya no se quema, sólo se apaga.
Esos relatos son un mapamundi intuido desde las páginas de un periódico o la pantalla de la televisión. La mayoría pasamos la página y cambiamos de canal; Pablo, sin embargo, nos obliga a mirar. Hay algo de ensayo, de testimonio, de crítica a esta sociedad, a este mundo global y enfermo. Hay mucho de periodismo literario, de narración desnuda y sin artificios, de observación. Pablo nos recuerda que el mundo gira y nos enseña sus pústulas. Pablo pide la palabra desde su indignación y denuncia nuestro rápido olvido, nuestra indolente comodidad, nuestra avariciosa frivolidad. Pablo detiene los relojes; escribe con rabia, ironía, realismo y piedad. Escribe los cuentos de “Érase una vez en un lejano país” que resulta ser el nuestro. Esta corteza terrestre en la que nos movemos sin aflicción; un lugar cruel y plastificado en el que nos olvidamos de las personas, de su dolor y soledad latiendo a unos pasos de nuestra casa, a unos kilómetros en coche, a unas horas de avión.


Pablo Lorente Muñoz. “Relatos desde ninguna parte” Editorial Eclipsados. Zaragoza, 2010.

miércoles, 13 de abril de 2011

Siempre es todavía

Quizás el argumento de “Marta” sea peligrosamente típico: el reencuentro, treinta años después, con el primer amor de juventud. El pasado idealizado, el primer sentimiento puro y su rescoldo -candente aún- enfrentándose al presente imperfecto y su corteza lunar. La ruleta de la vida y sus imperfecciones e insatisfacciones; su tedio; contra la deflagración y la materialización del recuerdo perfecto. La rutina y su lluvia ácida frente a un revulsivo, un contraveneno, el antídoto más eficaz.
La historia no es original; entonces, ¿dónde está la diferencia? Pues la diferencia está en quién y cómo lo cuenta. La diferencia está en Víctor Juan. En contar una historia que otros han contado antes y no caer en el amaneramiento. El mérito de Víctor Juan está en que conoce el valor, la fuerza de las palabras. En saber elegir, en saber escribir con las palabras que sirven para recrear y entender el mundo, explicar los sentimientos o para mostrar la belleza.
La historia típica es la parte de telenovela, la parte de bolero. Pero Víctor Juan nos recuerda la parte de verdad, la parte íntima que esconden la letra de esos boleros y esas canciones de amor en los que la vida es eterna en cinco minutos. Porque “Marta”, sí, nos habla del primer amor y su incombustibilidad, de su reencuentro en el instante preciso y en el momento adecuado; del seísmo, la erupción que provoca; pero no como un melodrama sino como la puerta que se abre y hace entrar la luz iluminando un interior vacío. Pero lo más importante de esta historia de amor atemporal no es el lugar común, no es cambiar un nombre por otro y quedarse en el mismo lugar, no. Esta novela es una autoafirmación. El descubrir el yo individual, lo que somos cada uno, lo que queremos hacer con nosotros mismos. Recuperar el interés y la ilusión, tener algo que esperar, algo que desear.
Y es también un homenaje a Zaragoza. A sus calles, a el Tubo de la infancia y sus portales oscuros, y, sobre todo, a la orilla del Ebro, a su paisaje en extinción. Y es también la coherencia y la valentía del hombre que no se vende. Del hombre sin ambición, sin deudas, sin necesitar más que lo necesario, lo que de verdad importa. Vivir sin desear nada. Y es una novela contra la corrupción política, el dinero y la vanidad humana.
Víctor Juan (falso cantante de boleros) nos obliga a mirarnos, a enfrentarnos con lo que tenemos y lo que nos falta; a lo que hemos perdido, en lo que nos hemos convertido. Porque llegada cierta edad la desilusión se hace una enfermedad degenerativa. Resignarse era vivir como si todo pudiera posponerse para la vida eterna. Tenemos el compromiso con la alegría, la obligación de la felicidad. Ése es el único imperativo con el que nacemos.
La íntima verdad es que todos necesitamos esa ilusión. La íntima verdad, la absoluta e innegable verdad es que se hace necesario buscar esa ilusión y atraparla. Raptarla, capturarla sin posibilidad de rendición. No claudicar, no pensar que ya no hay nada que hacer, que no merece la pena asumir riesgos, buscar, seguir intentándolo. Que siempre es todavía.

Víctor Juan. “Marta”. Editorial Eclipsados. Zaragoza, 2010.

jueves, 23 de diciembre de 2010

La Montaña Roja

Me imagino que algunos se acercarán a este “En medio de todo” buscando una segunda parte, la continuación del motín y la hoguera, la sinceridad demoledora y furiosa de aquellos días; un nuevo episodio de “El traje nuevo del emperador” y la parábola atea del templo profanado. Pero esta vez no encontrarán nada de eso porque Julio José Ordovás, por decisión propia, ha pasado de combatir contra el mundo a combatir sólo contra sí.
Me imagino que algunos ni se asomarán a este “En medio de todo” porque un diario es un depurativo que sólo sirve a su autor. Porque un diario es un auto-exorcismo, un lavado de estómago, sacar a pasear al perro del pensamiento para que se alivie, ventilar los cuartos cerrados, hacer limpieza del trastero y encender una buena fogata. Que un diario es un monólogo vanidoso y egoísta que no sirve de nada al que lo lee.
Y tal vez tengan razón, pero lo que sí se es porqué lo leí yo. Qué buscaba yo. Que he encontrado yo. Porque para los que estamos en este no oficio de leer y juntar palabras “En medio de todo” es un libro botiquín. Un libro medicamento. Un libro espejo. Que yo llegué hasta él para leer al lector; para leer al escritor; para que su compañía mitigara mi soledad y mis dudas. Para saber que hay otro parecido a mí, igual que yo, mejor que yo.
Porque “En medio de todo” es el diario de un hombre que se arrepiente y llora. Patalea, se rebela, se hunde y se reconstruye. Que habla de amor y derrota. Que me cuenta que la vida es un largo camino por etapas. Una carrera de fondo con obstáculos. Una colección de fascículos por entregas. Una broma, un mal chiste; un día brillante y soleado de primavera. Que la vida es un ayer y un presente. Un carnaval patético y sus disfraces: disfraz de gallo, de mendigo, de pistolero; de Jekyll y Hyde. Depresión, borrachera, euforia y resaca. Que un diario es el filtro del desagüe por el que se nos va la vida. Y la vida está hecha de contradicciones, cuchilladas, y luces de tormenta. Que la vida es una escorredura de días fríos, cálidos, lluviosos y templados; que es sexo, amor, dolor, lágrimas y soledad. Que escribir un diario es ser narcisista y fanfarrón y es también querer encontrarle sentido al sinsentido de vivir.
Porque yo he leído “En medio de todo” por recuperar lo que descubrí en aquellos días de furia. Por reencontrar el consuelo, la compañía del compañero de celda. Alguien que como yo boxea con su sombra y se cae y se levanta, se cae y se levanta. Que duda y se pregunta para quién escribe. Lo he leído para oír del poeta que las palabras no son oro ni son barro. Son viento. Para encontrarme con alguien que me diga que si no fuera por la sal de la literatura no habría dios que se tragara esta sopa casi siempre insípida y fría, la vida. Para leer que alguien mejor que yo siente también una desgana profunda, que se cansa de pelear y luchar para nada, de ser la suma de todas sus frustraciones. Para meterme un chute, recibir un empujón, una muleta y un puñal.
Para descubrir por él la Montaña Roja, y que escribir, seguir escribiendo es la única forma que existe para ir a esa Montaña, a ese lugar mágico sembrado de fósiles y piedras preciosas, a ese lugar al que nunca llegaré.

Julio José Ordovás. “En medio de todo”. Editorial Eclipsados. Zaragoza, 2010.

domingo, 29 de agosto de 2010

Palabras necesarias

Nuestro Diccionario de la lengua española son dos gruesos volúmenes con más de ochenta mil palabras. ¿Cuántas de todas esas no usaremos nunca en nuestra vida? ¿Cuántas son importantes; necesarias? ¿Cómo definiríamos ausencia? ¿Y felicidad, y dolor, y tiempo, y duda, y esperanza? ¿Cuántas preguntas nos hacemos a lo largo de nuestra vida? ¿Y para cuantas tenemos respuesta? ¿Buscamos las palabras o las esquivamos utilizando evasivas? ¿Cuántas veces miramos dentro de nosotros? ¿Y qué sentimos? ¿Palabras o silencio?
Este estribo es (supongo) un cuaderno de notas. Son papeles en los bolsillos, apuntes, palabras que asaltaron a Ramón Acín en plena calle, con las que se tropezó al leer el periódico, que aparecieron puntiagudas en una conversación.
Este estribo es (imagino) un libro hecho de días, meses y años. Son reflexiones, cuartillas emborronadas, pensamientos y palabras ordenadas alfabéticamente. Diálogos, sentencias, soliloquios, opiniones, preguntas y respuestas. Palabras que leemos, escuchamos, se cruzan en nuestro camino y nos obligan a buscar, descifrar con palabras: explicación, aforismo, definición. Palabras que nos incitan, nos obligan, nos hacen ser y sentir. Porque “cuando menos, la palabra nos parapeta frente al horror del vacío y, sin duda, transforma la ignominia de la existencia”. La palabra como algo necesario. La palabra como continente del ser. Porque “ser es implicarse. Y no es fácil salir indemne”.
Este estribo en su propia forma y carácter tiene (creo) la intención de ser punto de apoyo para provocar una respuesta, estimular una reacción. Motor de arranque, puesta en marcha. Hacer pensar. Porque “la actividad de pensar conlleva, como mínimo, el hecho de emocionarse”.
Ramón Acín como maestro, amigo, compadre y cofrade en “la modernidad de esta edad bárbara” nos habla con buen humor de cosas serias. Fundamentales. Imprescindibles. Obligatorias. Nos presenta con la literatura -porque “la literatura puede ser todo aquello que hay entre los ojos y la vida”- la existencia y sus palabras.
Este estribo da pie (al menos para mí) a múltiples notas al margen, páginas marcadas y subrayadas, a escribir dentro del libro junto a cada entrada. Da pie al interrogante, la exclamación, la afirmación y la duda. Este estribo es (para mí) un gabán de papel impermeable que nos protege del frío, la lluvia y el vacío; del punto muerto de la pereza. Es un diccionario de citas para la búsqueda. ¿Qué somos?
No sé, pero creo que este estribo nos lleva a meditar a cerca de la trascendencia e importancia de algunas palabras. En conocer su significado, al menos, para nosotros. Lo que no necesitamos y lo que debemos conocer a fondo. Palabras como individualismo, amor, conciencia, tiempo, vida, muerte.
Ramón Acín establece un diálogo con nosotros. Expone, afirma, nos hace preguntas, nos da pie a que pensemos, razonemos, reflexionemos.
En mi tozudez, he dado vueltas y más vueltas y, al final, he encontrado cierto cobijo en unos versos de Álvaro de Campos (Pessoa): “No soy nada/Nunca seré nada/No puedo querer ser nada/Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo”.

Ramón Acín. “Con el pie en el estribo”. Editorial Eclipsados. Zaragoza, 2010.

miércoles, 2 de junio de 2010

Moda y literatura

Empezaré por admitirlo: no he leído ningún libro de la trilogía “Nocilla”. Tampoco a ningún autor de su generación. No sé nada de literatura experimental, géneros híbridos ni postmodernidad. Y es que a mí, igual que al protagonista de “Mutatis Mutandis”, también “me toca los cojones el afterpop”.
Si tuviera que hablar en serio de ese fenómeno diría que la literatura es la palabra que explica el arte abstracto y no su imitación. La literatura no es un objeto de plexiglas, no es algo simplemente visual, no es sólo representación. La literatura no es eyaculación precoz, no es cortacircuito, perfomance, gag, happening, show. La narrativa no puede ser ininteligible; no es un corta y pega, no puede estar hecha de bonitos recortes de colores. La narrativa no es un collage de confeti. Aunque también sé que siempre habrá alguien dispuesto a defender lo contrario y que las palabras vendrán en su ayuda para vestir sus argumentos.
El texto de Javier García es una demoledora crítica repleta de humor e ironía. Una crítica como nunca antes había visto: escribir un libro copiando el estilo postmoderno para dejarlo en completa evidencia, convertirlo en algo ridículo y sin sentido. “Mutatis Mutandis” es una parodia gamberra; una humorada muy bien intencionada. El sabotaje de una fiesta –merendilla- con humo, trucos de magia y piñata new age.
Y no se trata de enfrentar clasicismo contra modernidad, literatura medieval contra vanguardia. Yo me quedaré con la solapa de “La Caja” de Adolfo Ayuso en la que reconoce que no ha leído a los clásicos ni estudiado la carrera de Letras para escribir esa magnífica novela. Y es que yo tampoco soy filólogo y jamás he asistido a un curso/taller/seminario ni puedo poner en mi currículum que soy “Especialista en Coaching Ontológico y en Coaching Transformacional”
Javier García intercala como contrapunto a tanto neo-puzzle literario partes de una novela al uso: “Los días grises” para dejarnos líneas sin pringue de nocilla. La desesperación que degenera en psicosis de un vulgar aspirante a escritor rechazado en todas las editoriales y su asombro ante el éxito de la literatura mutante. El signo de los tiempos en los que el mundo se rige por el azar de un parchís con sonrisa de camaleón. Javier desmonta ese tinglado de retórica y teoría que llena líneas y más líneas y no dice nada. Esa forma de escribir de algunos filólogos que hacen de su exposición un argumento ininteligible para hacernos pasar a los mortales por estúpidos sin criterio incapaces de entender los nuevos caminos de la literatura. Porque “Basta especular para ser espectacular”.
Javier es capaz de escribir una gamberrada completamente en serio. Metaboliza el estilo y escupe la cáscara amarga de un limón cargada de malaleche. Es capaz de escribir un texto y hacer los comentarios de ese texto y todas sus trilogías derivadas. Javier se ríe de todo eso y de paso nos recuerda donde acaba la moda y dónde empieza, en qué consiste, la verdadera literatura.

Javier García Rodríguez. “Mutatis Mutandis”. Editorial Eclipsados. Zaragoza, 2009.

viernes, 2 de octubre de 2009

Muñecas rusas

Si fuera un lector con un amplio fondo de armario podría hacer referencias y comparaciones. Pero tan sólo soy un novato con muy mala memoria. Así que para mí este libro ha sido todo un descubrimiento, una nueva forma, algo que nunca había leído.
Si fuera un auténtico crítico citaría algunas teorías literarias sobre la creación para analizar su contenido. Pero he sido un estudiante de poco provecho y me aburre ese lenguaje. Así que para decir lo que hay dentro hablaré de originalidad, de cajas sorpresa, de ambición y obsesión, rompecabezas, chisteras de mago y muñecas rusas. Que es posible escribir saliéndose de los márgenes, saltándose las señales de prohibido el paso.
Y es que esta “Emma Roulotte, es usted” sorprende en la segunda página, cuando el autor que la está escribiendo aparece en la historia sin saber cómo continuarla. Como si en un teatro de títeres el tipo que maneja los hilos se quedara parado y los muñecos decidieran seguir actuando por su cuenta y riesgo. Dos páginas y se rompen todos los esquemas. Y con ese descubrimiento pierdo la inocencia y algún prejuicio estético.
A partir de ahí su desarrollo me desbordó; me adelantó por la derecha a toda velocidad. Cada historia se enlaza con la siguiente, la continúa como en una desenfrenada carrera de relevos. Y fue entonces cuando pensé en la Matrioska, esa muñeca rusa que la abres y te encuentras otra dentro. Un relato llevando al siguiente, y entre medias, como marca de la casa, esas cajas sorpresa apareciendo en cada capítulo; pasando de mano en mano. Cajas vacías sin remitente ni destinatario conocido que guardan un enigma, cajas llenas de palabras con las que poder escribir una historia encajando sus piezas como si fuera un rompecabezas.
Norberto Luis Romero sorprende por su imaginación. Utiliza el libro como la chistera de un mago, en cada relato un asombro, un más difícil todavía. Cambia de estilo y argumento como salta un trapecista, como un artista estrenando vestuario en cada número. Personajes, situaciones y lugares distintos cada vez. Ciencia ficción, surrealismo kafkiano, realismo sucio y cuentos de las mil y una noches. Y eso no lo sabe hacer cualquiera.
“Emma Roulotte, es usted” es un libro que tiene la literatura como común denominador. Un libro que habla de la creación literaria, de la ambición por escribir, de los efectos secundarios y los daños propios y colaterales que produce la escritura: intoxicación, fracasos, negros, fantasías, plagios, carcajadas, fármacos estimulantes y una tienda donde poder comprar todas las palabras con las que hacer una novela.
Escribir es un juego en el que todo es posible. No hay reglas. Todo puede alterarse, cambiarse, rehacerse. Escribir es la única forma posible para crear nuestra propia historia, nuestra propia realidad; eliminar lo que no nos gusta e inventar el final perfecto.
Y Emma Roulotte lo descubre. Al fin y al cabo para eso Norberto la ha creado.

Norberto Luis Romero “Emma Roulotte, es usted”. Editorial Eclipsados. Zaragoza, 2009.