miércoles, 2 de junio de 2010

Moda y literatura

Empezaré por admitirlo: no he leído ningún libro de la trilogía “Nocilla”. Tampoco a ningún autor de su generación. No sé nada de literatura experimental, géneros híbridos ni postmodernidad. Y es que a mí, igual que al protagonista de “Mutatis Mutandis”, también “me toca los cojones el afterpop”.
Si tuviera que hablar en serio de ese fenómeno diría que la literatura es la palabra que explica el arte abstracto y no su imitación. La literatura no es un objeto de plexiglas, no es algo simplemente visual, no es sólo representación. La literatura no es eyaculación precoz, no es cortacircuito, perfomance, gag, happening, show. La narrativa no puede ser ininteligible; no es un corta y pega, no puede estar hecha de bonitos recortes de colores. La narrativa no es un collage de confeti. Aunque también sé que siempre habrá alguien dispuesto a defender lo contrario y que las palabras vendrán en su ayuda para vestir sus argumentos.
El texto de Javier García es una demoledora crítica repleta de humor e ironía. Una crítica como nunca antes había visto: escribir un libro copiando el estilo postmoderno para dejarlo en completa evidencia, convertirlo en algo ridículo y sin sentido. “Mutatis Mutandis” es una parodia gamberra; una humorada muy bien intencionada. El sabotaje de una fiesta –merendilla- con humo, trucos de magia y piñata new age.
Y no se trata de enfrentar clasicismo contra modernidad, literatura medieval contra vanguardia. Yo me quedaré con la solapa de “La Caja” de Adolfo Ayuso en la que reconoce que no ha leído a los clásicos ni estudiado la carrera de Letras para escribir esa magnífica novela. Y es que yo tampoco soy filólogo y jamás he asistido a un curso/taller/seminario ni puedo poner en mi currículum que soy “Especialista en Coaching Ontológico y en Coaching Transformacional”
Javier García intercala como contrapunto a tanto neo-puzzle literario partes de una novela al uso: “Los días grises” para dejarnos líneas sin pringue de nocilla. La desesperación que degenera en psicosis de un vulgar aspirante a escritor rechazado en todas las editoriales y su asombro ante el éxito de la literatura mutante. El signo de los tiempos en los que el mundo se rige por el azar de un parchís con sonrisa de camaleón. Javier desmonta ese tinglado de retórica y teoría que llena líneas y más líneas y no dice nada. Esa forma de escribir de algunos filólogos que hacen de su exposición un argumento ininteligible para hacernos pasar a los mortales por estúpidos sin criterio incapaces de entender los nuevos caminos de la literatura. Porque “Basta especular para ser espectacular”.
Javier es capaz de escribir una gamberrada completamente en serio. Metaboliza el estilo y escupe la cáscara amarga de un limón cargada de malaleche. Es capaz de escribir un texto y hacer los comentarios de ese texto y todas sus trilogías derivadas. Javier se ríe de todo eso y de paso nos recuerda donde acaba la moda y dónde empieza, en qué consiste, la verdadera literatura.

Javier García Rodríguez. “Mutatis Mutandis”. Editorial Eclipsados. Zaragoza, 2009.

2 comentarios:

Hansel en Baviera dijo...

Mira, lo tengo en la estantería y todavía no le he metido mano, de modo que tras tu crítica, me han dado ganas de no hacerlo esperar.
Un abrazo,
Norberto

Berbi dijo...

Menos Nocilla y más guirlache, copón