martes 24 de noviembre de 2009

Gira

Gira
sobre el hilo deshojado del tiempo,
sobre mi propio eje,
contra mi voluntad.
Gira,
sin tocar el suelo
gira,
sonríe, diviértete;
puedes
dejarte llevar,
arrastrado por la inercia
hasta el punto y final.
Gira,
más rápido,
gira,
acelera, vuela,
hasta ver las piedras
desaparecer.
Gira, gira,
cierra los ojos
y olvida
o ábrelos
de golpe
y despídete.
En cada vuelta
un color desordenado,
una mano en el aire
diciendo adiós.
En cada giro
un armario revuelto,
un asiento vacío,
una llave en el buzón.

Poema de Jorge del Frago

Fotografía de Emilio Molins
http://www.flickr.com/photos/7725708@N02/

viernes 20 de noviembre de 2009

Luz

Tanto velar y tanta pelea; tanta rabia y quimera; tantas noches
enteras, horas ladrando a la luna nueva.
Tanto tiempo maldiciendo, rogando al cielo y al infierno,
tanto esperar y tanto desvelo; tanta sobredosis de deseo.
Tanto aguardar y hoy llega el día.
Y hoy es el día y nada sucede.
Nada.

No hay fuegos de artificio, fiesta, risas, escaleras de incendio;
no hay música, brindis, zapatos por el suelo;
no hay vasos sucios ni botellas vacías,
no hay euforias desatando nudos.
No.
Hoy es el día y nada de eso sucede.

Tantas horas llenando ceniceros;
descerrajando puertas, haciendo piruetas,
inestable autobiografía desafiando
la ley de la gravedad.
Tanta batalla y tanta ruleta rusa
y ahora, llegado el momento,
tan sólo sueño, cansancio, fatiga,
vulgar y pesada ironía
queriendo derribar mis párpados.

Ni un solo aullido ni una borrachera. Ni un corte de mangas ni una nueva
nacionalidad.
Ni una lágrima ni una carta. Ni una bayoneta en la garganta ni una flor
en el ojal.
Nada. Tan sólo nada.
Y nada más.

Hoy debería brillar algún metal.
Hoy debería ser capaz de respirar bajo el agua.
Hoy podría elegir un color nuevo para pintar
el techo de mi habitación.
Ese lugar donde
cada noche brotan ortigas,
malas hierbas, precipicios, pesadillas;
ojeras del día después.

Y en lugar de eso me quedo
quieto y en silencio.
Me siento y observo
la extraña luz en mi ventana.
La extraña claridad que alumbra
esta noche cerrada.

Poema de Jorge del Frago.

Fotografía de Maite Pérez Pueyo.
http://salamandradiamantesdesafiandogravedad.blogspot.com/

domingo 15 de noviembre de 2009

Tiempo de mujeres


Si estuviera frente a ti no me atrevería. Me quedaría callado. Bien perfumado, pero callado. No me saldría ni una letra. Pero no te veo, y así, a escondidas, resulta muy fácil ser valiente y abrir la bocaza.
Empezaré por los defectos; igual que primero se dan las malas noticias. Un relato me sobra y el final de otro no me gusta.
El que me sobra desentona en el conjunto. Como ir en chándal a una cena de gala. Y el final del otro le quita credibilidad a la historia. En mi casa me oyeron gritar un alto y claro ¡oh, no!, cuando me dí de golpe con él. Y es que el realismo intimista del relato se rompe en pedazos con ese fantasma de sobre sorpresa. Su aparición convierte la seriedad y emoción de la historia en un mal chiste de Halloween.
Lo siento, pero me pediste sinceridad y te la doy. Aunque, te puedo asegurar, que si fuera posible, también yo robaría rosas para ti.
Ahora los elogios, las buenas noticias. Y te diré que el tiempo no te ha robado un gramo de belleza y sí que le ha dado profundidad a tu escritura. Dos años desde tu “Piel de lagarta” y te presentas igual de hermosa pero con otro vestido y otro perfume. Con tu estilo personal y único, pero más realista, más íntima, más observadora, más sentimental y melancólica. Supongo que tendrá algo que ver con todo el amor que se adivina en tu dedicatoria. Esos recuerdos que se deslizan en dos relatos memorables. Aquella casa con el balcón en ruinas y un nombre escrito en una lápida.
En “Amar en martes” está la Angélica que me conquista con su imaginación y su sensibilidad. Está la que inventa a una Venus rediviva que un día a la semana habla bien clarito y llama a las cosas por su nombre y también la Angélica que habla de piedad y perra vida. De los débiles, los sin suerte y los vagabundos. Está la Angélica que ya conocía de antes de las metáforas deslumbrantes y los monólogos teatrales y una nueva Angélica que me emociona balanceándose en una mecedora en el salón de una casa sola.
Está la Angélica de la carcajada y el surrealismo típico de Leuret que bebe gin-tonic en un botijo con una Angélica que habla de la herida dolorosa que dejan la muerte y la ausencia.
La Angélica de las historias de catalepsia y mujeres diabólicas al estilo Clouzot con una Angélica que hace protagonista de sus relatos a los "seres insignificantes que pueblan a escondidas la tierra".
Una nueva Angélica que hace protagonistas absolutas de todos sus relatos a las mujeres. Mujeres descaradas y tímidas, mujeres valientes y heridas, fuertes y débiles, mujeres vivas y mujeres muertas. Mujeres a las que echar de menos cuando "pesan más las ausencias que los zapatos".
Conversaciones de mujeres a dos voces en un bar, soliloquios de mujeres en velatorios, cementerios y conciertos de música clásica hablando de amor y diciendo verdades como puños. Conversaciones entre mujeres; intimidad, recuerdos, sueños, dudas, desilusiones, secretos y sentimientos de mujeres.
Sí, es verdad; si fuera posible, también yo robaría rosas para ti.

Angélica Morales, “Amar en martes”. Libros Certeza. Zaragoza, 2009.

viernes 13 de noviembre de 2009

Esperándote

Así soy
y así sobrevivo,
esperando el arañazo,
el cepo de tu lazo,
la cruel intermitencia
de tu compasión.
Soy así
furtiva pieza de caza,
tregua de entreguerras,
capricho de entretiempo,
juguete de ocasión.
Soy así,
sístole y óxido,
vegetal y huérfano,
sedimento
caminante,
lunático impaciente
esperando el mordisco
la pedrada,
el descalabro,
tu arrebatada maniobra
de resucitación.

Soy así.
Aquí estoy.

Esperándote.

Dime,
¿vendrás hoy?

Poema de Jorge del Frago

Fotografía de Rafael Ricoy
http://ricoy.50webs.com/