martes 14 de julio de 2009

Destrucción

Lo nuestro se desmoronó como las Torres Gemelas; no por el impacto de terceras personas, sino por la metástasis en las vigas maestras de la relación.

Así caímos.
De forma traumática.
Sobre nosotros mismos.

Oscar Sipán

martes 7 de julio de 2009

Cuando éramos trapecistas

Resulta complicado comenzar un libro con un relato perfecto. Te pasas el resto con las malditas comparaciones, leyendo con la ansiedad de esperar que aparezca otro igual. Y te encuentras con alguno bueno, muy bueno incluso, pero ninguno como el primero. Y te cabreas, te sientes defraudado y piensas en claves personales, en un libro publicado no por razones literarias sino por razones de amistad y como homenaje póstumo. Y empiezas a escribir diciendo que los relatos de Sergio Algora tienen destellos brillantes pero que falla el conjunto. Que es un libro desigual, con algunos –los menos- buenos relatos, pero con otros –los más- que no pasan de ser una idea original, una excentricidad surrealista, un múltiple desvarío, algo tan sólo divertido. Como cuando un amigo te preguntaba qué te había parecido su novia y por no decirle la verdad le decías que era muy simpática
Y pensando en encontrar los aspectos positivos de “No tengo el placer” acepté los breves y hermosos instantes poéticos, la originalidad de sus historias y su imaginación desbordante. Quise ver un homenaje a los cómics de ciencia ficción y al cine de terror, a las películas de Tarantino, a los delirios etílicos, a las carcajadas de fin de semana, al humor y las pesadillas. Y encontré también la crítica a una sociedad deshumanizada, a la egolatría del artista, al pensamiento uniforme y al lado oscuro de la política, el poder y la avaricia.
Pero al repasar los subrayados y releer algunos párrafos de los relatos que me habían gustado como “El fantasma”, “El silencio de Clara”, “La biógrafa”, y, sobre todo, “El nuevo novio de mi hermana” con Albert Bellok metido en una historia de chantaje fotográfico y su mujer Maricruz que “comienza a cantar mientras sus uñas rojas se hunden en mi teclado Casio”, “La música pop” con la historia de un hijo de Dios, hermano pequeño de Jesús, que “pasaba tanto tiempo realizando milagros en los bares que decidí montar uno para que no me costara dinero ayudar a la gente”, y “El zombi” con un tipo que resucita con tres balazos en el cuerpo y entra en un bar a beber después de ser desenterrado en un parque por un perro, me di cuenta que los relatos de Sergio se tratan de otra cosa. Que quizás no se trate sólo de lo que parecen. Me hicieron recordar aquella época en la que sentados en algún bar inventábamos historias absurdas y surrealistas con las que nos descojonábamos. Cuando la imaginación no tenía límites y nos hubiera gustado ser repartidores de butano en una película porno y nos fascinaban las películas de asesinos locos y violentos porque nos creíamos inmortales. Aquella época en la que nos gustaba leer libros como “El dragón rojo” de Thomas Harris. Luego todo eso desapareció. Nuestra imaginación, el descojone, se lo comió la rutina y nos preocupamos por pagar los plazos del coche y los trajes a medida.
Sergio eligió su forma de contar y de entender la vida, y de ser fiel a si mismo. “Sin veneno, sin excitantes, sin drogas, sin grasas, sin oscuridad, el mundo se vería obligado a verse tal como es ¿Quién quiere eso?” Su estilo no es brillante, no es literatura en mayúsculas, pero su mérito está en no haber perdido aquella imaginación que se nutría de películas, bares, poesía, música, ironía y absoluta libertad. Continuar, joven y maduro, genuino y mordaz, con aquella manera de ver la realidad sin jaquecas ni medias suelas. Como cuando bebíamos a morro quintos de cerveza en bodegas baratas e íbamos tres amigos en una vespa por la ciudad y nos reíamos contándoles a las chicas que éramos trapecistas de circo.

Sergio Algora. “No tengo el placer”. Xordica Editorial. Zaragoza, 2009.

lunes 6 de julio de 2009

El día perfecto


Hoy es uno de esos días
nacido sin trucos, borracheras
carcajadas y mentiras.
Un día de rutinas
en océanos sin gravedad.
Hoy es una mañana temprana, soleada
sin treguas, melodías
vacaciones pagadas
y césped artificial.
Hoy es un día canalla, reincidente
armado y peligroso,
un día con el futuro
aparcado en doble fila
y el deseo robando, atracando
gasolineras, estancos
y cajas de seguridad.
Un día de dientes apretados,
de puños apretados y mal aliento,
una mañana de cárcel sin planes de huida,
un camino de alambre, cierzo y vértigo,
el día perfecto para arriesgarme
y salir a buscarte
dar un paso en falso, tropezar, caer
morir de nuevo.
El día perfecto para levantarme
verte, escupir, odiarte
y volver a empezar.

Poema de Jorge del Frago
La Fotografía es de Sergio Joven
http://www.flickr.com/photos/mnemonix/

domingo 28 de junio de 2009

El refugio de una geografía

Hay libros que son un refugio. Y este es uno de esos libros. Un refugio íntimo al que acudiré cuando tema y dude, cuando me encuentre solo y perdido, cuando me asalte la inquietud de ser un tipo extraño, alguien que vive fuera de juego.
Porque “Mapa Mudo” es un ensayo, pero no es un libro de teorías. Es un libro que habla de escritores y libros, vidas y huellas. Del libro como objeto y cobijo. De la escritura como creación. De las múltiples historias que hay detrás de un libro.
“Mapa Mudo” es, además, un libro de belleza física; un libro que guarda, entre sus páginas, las maravillosas fotografías en blanco y negro que Hilario ha hecho de las estanterías de su biblioteca. Un libro donde admirar la arquitectura, silenciosa y vertical, de los libros llenándolo todo; de fotografías de escritores; fotografías de niños leyendo, de gente leyendo en el autobús, en el parque, en una mesa frente a la ventana; un libro junto a una taza de café; vasos de papel, botes con bolígrafos, libros en inglés, revistas, diccionarios, vida y recuerdos. El retrato, artístico y excepcional, del universo que compone la cartografía personal de Hilario, de sus autores y protagonistas, de la literatura como argumento, motivo, detonante y soporte; de la literatura como lugar, refugio y pregunta, esas que Hilario se hace: ¿Qué somos? ¿Qué nos sucede cuando las palabras se interponen en nuestro camino y ya no podemos ir ni hacia delante ni hacia atrás?
“Mapa mudo” es también un viaje, una original lección de geografía del hogar y la literatura que comienza en la biblioteca de Hilario y que, entre las palabras, nos va contando los lugares donde los escritores se sentaron a escribir: en el porche de una casa desde el que se podía descubrir la vida o dejar pasar las horas esperando un regreso, en una cocina o en una lavandería, en un cuarto de baño o en la habitación alquilada de un motel porque no había sitio en casa, en los despachos o en la cama, en una biblioteca o en un campo de concentración. La literatura surgiendo, naciendo en cualquier lugar.
Pero “Mapa mudo” no es una simple colección de anécdotas y apuntes biográficos. “Mapa mudo” es una demostración, un libro que habla de la literatura desde dentro, de la emoción y el placer como lector de Hilario y de sus experiencias y emociones como escritor, de su forma de ver, sentir, contar la angustia, el dolor y la vida que se esconde en las palabras. El relato de un lector. El espejo de un escritor.
En “Mapa mudo” están las coordenadas de lugares que ya no existen; de lugares reales, mujeres y hombres muertos, vivos en los libros. Están los lugares que Hilario visitó empujado por el sentimiento, lugares donde surgió la palabra de alguien que admiramos, el lugar donde empezó todo, el hecho que fue decisivo, que determinó el porqué, su reflejo en la obra literaria de un escritor.
Hay muchos lugares distintos. Igual que recuerdos en una vida. Lugares abiertos al horizonte para huir de la soledad y habitaciones cerradas donde escribir una novela sonámbula. Escribir sobre la vida que, como una aventura, pasa delante de los ojos, o escribir sobre los sueños porque no se puede dormir.
La literatura llenándolo todo, ocupando estanterías, horas, fotografías, silencios y emociones. La literatura convertida en hogar, territorio, geografía de un refugio.

Hilario J. Rodríguez, “Mapa Mudo”. Colección Vagamundos. Ediciones Traspiés. Granada, 2009