
Pero esta luna blanca es, fundamentalmente, un viaje de vuelta. Y esos viajes son siempre un reencuentro con el pasado y sus abismos. Camino de vuelta y tiempo en blanco para recordar toda una vida dejada atrás. Desde el día en que nos fuimos. Desde el día en que todo se perdió y comenzamos a ser otro. Presente imperfecto, pasado ideal; comparaciones odiosas, hirientes; porque el pasado sólo vuelve si mejora lo presente.
Esta luna blanca es el retorno de un bastardo con tratamiento de Ilustrísimo Señor. Es lo que esconde la apariencia, la historia de un perdedor que ha triunfado en la política. Y es el dolor personal que producen la conciencia y el remordimiento. Un romance de vergüenza y cobardía. Un ajuste de cuentas con uno mismo. El drama de un hombre que reconoce que en el momento decisivo le faltó coraje ante la vida y le sobró egoísmo, valor para salvar a un amigo. Porque la carrera política es un oficio al que hay que echarle tragaderas. Cada quien alcanza su meta, y sólo los sentimentales se quedan por el camino. No haber hecho nada para evitar que se ajusticiara a un inocente. Dar por bueno que no importa que el inocente pague por el culpable. Que ese es el precio del orden.
Esta luna blanca es el recuento de todos los pasos en falso, el inventario de los errores cometidos, de todo lo que no hicimos. Volver la vista atrás y tener la sensación de no haber tomado las decisiones por uno mismo, dejarse llevar, dejar que otros decidieran por nosotros y obedecer. Es un viaje de vuelta y encontrar un tiempo y unas ilusiones perdidas por el camino. Es buscarse a sí mismo y encontrarse solo y sin coherencia; sin pasado, presente ni amor propio. Es regresar para descubrir que ha llegado el momento de romper con todas las conjugaciones del tiempo y volver a empezar.
Juan Carlos Soriano. “Escrito con luna blanca”. Prames, Zaragoza. 3ª edición, septiembre de 2005.
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