
Si eres aprensivo, claustrofóbico y te preguntas: ¿a dónde vamos después de muertos? NO compres este libro. Porque después de estas “Mentes perversas” temerás acabar caminando por un desierto que te llevará hasta un lugar donde se escuchan los lamentos de los condenados. Mirarás con desconfianza a los cuervos y descubrirás que Jekill y Hide son nuestro sueño y nuestra vigilia, una parte de nosotros mismos que desconocemos y que actúa por su cuenta sin control. Y sentirás el ahogo de los techos bajos, y las paredes estrechas de piedra húmeda. El terror de un hombre corriente secuestrado, atrapado en un zulo sin saber porqué.
Si sólo buscas terror NO compres este libro. Porque en “Mentes perversas” están los elementos clásicos que producen el miedo. Están las tormentas y las cuevas, los pasadizos y los laberintos, las brujas de los Pirineos y sus pócimas. Pero está también el humor y la ironía de Óscar mostrándonos la venganza de la inteligencia frente a la belleza superficial; la banalidad que reina en un plató de televisión. Y está un hombre que tiene que asesinar a su mejor amigo. Un corto de cine negro americano en un barrio periférico de yonkis y ladrones, bares con máquinas tragaperras y calendarios de tías en pelotas. Una historia de perdedores y una viuda negra vestida de azul. Está la terrorífica e indignante violencia que sufren las mujeres. Y un chaval, aprendiz de delincuente cum laude, cavando en plena noche un hoyo en un descampado bajo la atenta mirada de un ángel exterminador.
Si lees este libro no apagues después la luz. Porque Óscar te devolverá a tu terror infantil, a tu miedo a la oscuridad. Te meterá dentro de un túnel y te dejará a oscuras. La linterna se quedará sin pilas, la bombilla de 40 vatios y su pálida luz se apagará de repente, la cerilla se consumirá y seguirás vivo, pero completamente a oscuras. Y oirás tu respiración alterada, ruidos de insectos y alimañas; te oirás a ti mismo llorar, temblar como un niño asustado.
Óscar Bribián. Mentes perversas. Mira Editores. Zaragoza, 2009.
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