domingo, 20 de febrero de 2011

Contra el olvido


Mi madre siempre se queja de lo mismo. Podemos tener miles de fotografías metidas en el ordenador; enviarlas por correo electrónico, publicarlas en Internet, enseñárselas a nuestros amigos, hacer una presentación en powerpoint o tenerlas en un marco digital. Pero para ella así es como si no existieran. No, si no puede verlas en papel y metidas dentro de un álbum. En un libro que pueda coger de una estantería y abrirlo; verlo, tocarlo.
Y sí, quizás resulte antiguo, pero le doy la razón. Un álbum, un libro lo cambia todo. Si no se pierde, no se quema, no se destruye; el libro durará para siempre. Y con Manuel Benito y su trabajo de toda una vida ha pasado lo mismo. Ha tenido que ser el editor Salvador Trallero el que ha convertido la obra de Manuel en un objeto físico, en algo que se pueda ver, leer y tocar. Porque Salvador ha hecho con la obra y la palabra de Manuel tres libros: “Huesca: Álbum de adioses”, “Orwell en las tierras de Aragón” y “Enajenados”. El homenaje fotográfico a su ciudad, su pasión por la historia, y su obra narrativa, literaria. Tres libros que sirven para guardar una vida, porque si no el trabajo de Manuel se hubiera perdido, se hubiera quedado desperdigado en cientos de artículos del Diario y de revistas; en miles de fotografías, manuscritos, apuntes y dibujos dentro de carpetas de cartón; en textos, relatos y cuentos metidos en su ordenador. Por eso, con estos tres libros, Salvador Trallero lo ha vuelto visible y hermoso, físico y real. Para que siempre que queramos saber de él, conocer y apreciar su obra, podamos acudir a la estantería y rescatarlo, admirarle, recordarlo, leerle. Etnólogo, historiador, documentalista y narrador.
Y ahora, en este “Ágora”, ha reunido en otro libro las palabras de sus amigos sobre él. Palabras de Adell, Garí, Moliner y Monesma que lo recuerdan por su sabiduría, su formación humanística y, sobre todo, por su generosidad. Que hablan del amor que sentía por su tierra, por sus gentes sencillas y por su historia. Inquietudes, luchas, solidaridades y altruismos.
Palabras que nos recuerdan también su parte política, comprometida, ideológica. Palabras de Manuel que lo retratan en un fanatismo que asusta, duele y avergüenza, como aquel día en el que, recorriendo un paisaje nevado que fue escenario de la Guerra Civil, dijo “¡Qué día tan bueno para cazar curas!”. Chiste macabro, gracieta que a él y a su acompañante les hace reírse, pero que a mí me hace temblar pensando en aquel odio irracional que hace setenta y cinco años trajo la muerte de su mano.
Pero yo, particularmente, agradezco su compañía en algo con lo que siempre me he sentido un tipo raro: esa atracción por los pueblos abandonados, pueblos que dejan de serlo y que ya me anticipó Manuel en “Llagut en Navidad”, un relato de su libro “Enajenados”. Lugares hoy vacíos que ayer albergaron vida. Lugares vacíos que guardan huellas, heridas. Reconocerme, como él, en viajes, miradas, paseos en solitario por las calles de los pueblos al salir del trabajo o en los días de vacaciones. Salir a los caminos buscando ermitas perdidas, castillos derruidos.
Coincidir con él en mi fascinación por las fotografías en blanco y negro, en ese extraño interés por las cosas antiguas, las tradiciones, las costumbres. Una forma de vida desaparecida, retazos de historias, gente que nos hablan de ese pasado que se nos está yendo de las manos. Aficiones, inquietudes, interés por las palabras de los habitantes de esta tierra. Y sobre eso es Severino Pallaruelo el que da la clave de la vida de Manuel y quizás la de muchos cómo él: “amaba los lugares, el trabajo, la reflexión, las gentes que los poblaron, las historias. No se preguntaba ¿y yo, con esto qué saco? Sacaba el placer del estudio, de la reflexión y de compartir con sus amigos los descubrimientos y las teorías”.
Y en eso se resume todo. En pura alegría, satisfacción, interés y placer por dar a conocer lo pequeño, escondido y olvidado que guarda lo que uno ama.

“Ágora”. Palabras sobre Manuel Benito. Varios autores. Sariñena Editorial. Salvador Trallero, editor. Sariñena (Huesca) 2010.

1 comentario:

José Luis Ríos dijo...

He leído el Diario del Altoaragón hoy, y me ha gustado mucho, no lo conocía de nada pero me informaré.

Un abrazo